Tengo el virus del pádel

Por Leire Agüero
Las personas contagiadas por el pádel se detectan de igual manera como ocurre con otro tipo de enfermedades. Los síntomas comunes que se suceden en estos van expandiéndose paulatinamente en la fase de incubación del virus hasta que finalmente la enfermedad les ataca, les aborda.

Es una patología dulce y vigorosa, que lejos de requerirte descanso, te ofrece energía y movimiento. 

En los tres meses que llevo practicando este deporte he sufrido dos lesiones; una en la muñeca, que me ha apartado de las pistas durante 21 días y una “fascitis plantar” que solo consiguió retenerme durante dos. No es un caso aislado. En el mismo periodo he conocido a varias personas con el mismo virus que yo he contraído. Comenzaron este camino conmigo casualmente; uno se lesionó de una rodilla, a posteriori de la otra, y otra ha sufrido y sufre actualmente las consecuencias de lo que se conoce como “codo de tenista”.

Lo curioso es que los afectados, lejos de encontrarnos decaídos, estamos pletóricos, eufóricos. Nos une el virus-pádel, nos une la pasión. ¡La pasión por el pádel! Todos aun a pesar de las circunstancias continuamos yendo al terreno de juego. No hay obstáculo posible que se interponga en nuestro camino hacia el manto verde, rojo o azul con sus granitos de arena fina blanca.

Mientras esta pasión está latente, tu cuerpo no siente dolor, solo disfruta.

Los que nos ven desde fuera nos observan impávidos, atónitos, estupefactos. No comprenden lo que nos está sucediendo. Únicamente se atreven a decirnos con un hilillo de voz “tal vez debas descansar un poco, ¿no crees?”; “está muy bien que hagas deporte pero deberías bajar la intensidad”; “¿no consideras que la cantidad de vestimenta que te has comprado es exagerada?”;  “quizás debas acudir a un médico para que te mire la lesión ¿no?”.

Es en ese último consejo en el que te colocas en posición “ojo avizor” y albergas la posibilidad de visitar por primera vez en tu vida a un fisio; alguien con altas probabilidades de padecer la misma enfermedad que tú, razón por la cual no tienes miedo, sabes que te ayudará. En ningún momento pondrá trabas a tu felicidad.

Los que nos iniciamos en este apasionante mundo hacemos nuevos amigos; otros afectados, la pala, la red, la bola y las paredes. Al comienzo les tienes cierto respeto, inclusive miedo, pero según la enfermedad va desarrollándose, vas conociéndoles y empatizando con ellos.

Cuando la bola amarilla viene a verte hay que tratar de no anticiparte; fijarte en su movimiento, dirección y velocidad. Dejarla que vaya delante de ti, darle espacio y únicamente pegarle un “empujoncito”, con cariño, ayudado de la pala para que haga correctamente su trayecto y traspase la red sin dificultades.

Ser capaz de saber cuál es el objetivo de la bola, hacia dónde quiere ir, sin interponerte ante ella, sin agobiarla, sin abalanzarte sino simplemente acompañándola, acariciándola permite que ella se sincere contigo y logres el tan ansiado “tanto en el marcador”.

Alcanzar este punto no es nada, nada sencillo. Exige mucho tiempo y dedicación. Para ello, en primer lugar es indispensable rodearte de “pacientes crónicos”; los monitores, ellos tienen el virus en su punto álgido; conocen a la perfección la técnica y cómo inoculártela sin dolor. Un día, no se sabe cuándo, de repente, tu cerebro llega a asimilarla y la utilizas y la pones en práctica en la pista de manera inconsciente; ¡comienzas a vivir el virus en su máximo esplendor!

Cada uno la adquiere a su debido momento. ¡Ni antes, ni después! Depende de muchos factores; repetición, entrenamiento, destreza y habilidad, predisposición, fuerza, empatía, coordinación y por supuesto disponer de un material adecuado a ti.

Cuando el virus y la pasión te visitan y además, vienen para quedarse, el tiempo toma un curso totalmente diferente. Una hora con tu entrenador se siente como cinco minutos porque estás haciendo lo que realmente te gusta. No existen los problemas. Finalizas un partido y aun a pesar de que hayas podido obtener un resultado negativo ya estás deseoso de jugar el siguiente.

Quien quiera  incubar este virus de la mejor manera yo les recomiendo:

Pádel Bizkaia (Pádel Derio, Club+ESMASPADEL, Club Landabarri)

Consejo para nuevos portadores del virus; ¡ten confianza en ti mismo, y se te dará bien!

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